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miércoles, 25 de febrero de 2015

Zuberoa, la cocina de los sabores y Arbelaitz

Buenas a todos

Disfrutando de mis vacaciones me pude dar algunos lujos. El primero de todos poder disfrutar de Guipúzcoa, San Sebastián y algunos de su pueblos como Zumaia u Oiartzun. Todos tenían un sentido para mi, no solo las rutas de sendero, vistas y absoluta tranquilidad que aportan, si no un final sentado a una mesa (como habéis visto, Akelarre o Etxebarri). 

Zuberoa
Entre estas mesas está, a mi  parecer, una de las más importantes de este país, Zuberoa (Araneder Bidea, Barrio Iturrioz, Oiartzun, Guipúzcoa. Tlf: 943491228. web: www.zuberoa.com), un templo que merece reverencia al oír su nombre y el de la familia lo regenta, familia Arbelaitz, con Hilario en la cocina y Eusebio en la sala. Hermanos que han seguido la fonda familiar en el casón más antiguo del pueblo, contando más de 600 años ya a estas alturas, y extendiendo el nombre de Oiartzun a lo largo y ancho del mundo. Porque sin lugar a duda lo que uno recibe en esa casa no es cocina, es la esencia de la misma. Una herencia que han adaptado con excelencia, elegancia y sobretodo humildad. Porque para los aficionados sí que nos es un nombre familiar, pero para los demás se queda todo en generaciones posteriores, como es la generación de Roca, Camarena, Atxa o Aduriz por poner ejemplos, todas ellas cocinas maravillosas sin lugar a duda, pero con una diferencia, todos ellos a pesar de conservar identidad local en sus platos siempre tienen algún elemento de fuera, influencias del extranjero, sus vivencias en otros países como ocurre con "la vuelta al mundo" en Roca, por poner un ejemplo. 

En cambio la cocina de Arbelaitz no necesita viajar para mostrar realmente todo el potencial de su entorno, no hay fuegos artificiales, no hay humos, sólo hay verdad en sus platos. Platos que conforme van entrando ya los saboreas con el olfato, creando una sinestesia, y que al entrar en boca confirman lo que has olido. Una cocina sin mentiras, auténtica. Y es así plato tras plato, copa tras copa. 

Porque no sólo es la comida, es el consejo de Eusebio quien complementa este excelente trabajo que llevan haciendo tantos años juntos estos 2 hermanos. Un gran consejero ayudado por una excelente selección de vinos que facilitan el trabajo, y además a precios contenidos, que permiten disfrutar sin miedo de una botella de vino, aunque uno se deje la mitad, porque no se siente engañado. Una vez más hay sinceridad y honestidad en esta antigua casa. Probablemente herencia de lo que su madre y su tía les enseñaron.

Es tan completo que desde el aperitivo todo queda en casa, pues empezar con una cerveza Pagoa elaborada por uno de los hermanos (Jose Ángel), mientras uno se decide si optar por menú degustación o ir a carta, ya dice bastante. Ejemplo de que aquí no existen egos, y quien importa de verdad es el comensal, sin limitarle lo que ha de comer y ofreciéndole un buen abanico de opciones. Mi caso como es habitual es degustación. 

Y como he dicho desde el aperitivo, hasta el memorable postre final, cada uno de los platos es un festival.

Imposible, literalmente, quedarse con uno, puedes elegir un favorito, pero es de esos menús que no se olvidan, desde el primer al último plato los recuerdas al llegar a casa, y te recreas con ellos al día siguiente, cuando escribo estas palabras todavía sigues saboreando y oliendo cada uno de ellos, y dando la brasa a los amigos contándolo como si fuera ayer (los pobres no tienen la culpa, pero no lo puedo evitar).

Así con la cerveza ya empezamos con un aperitivo que no figura en carta, gelé de limón y crema coliflor con aceitunas, refrescante inicio con las texturas definidas.
Gelé de limón, crema coliflor y aceitunas

Vouluté de erizos de mar al aroma de hinojo, el mar y el hinojo se llevan bien, muestra es la bullabesa, y aquí se repite con el componente de la potencia del erizo. Primer 10 de la jornada

Veoluté de erizo de mar e hinojo
Cigala asada al jengibre, ravioli de albahaca y espárragos verdes, sigue el mar y su potencia del yodo marcado en la crema de jengibre con los corales de la cigala, refresca el ravioli de albahaca y la textura crujiente del espárrago completa el plato. 2º 10

Cigala al jengibre, ravioli de albahaca y espárrago verde
Vieira asada, salsa civet de su coral, endibia caramelizada y emulsión de limón. El ácido y el mar van de la mano una vez más, el punto de la viera perfecto. 

Vieira asada, salsa de civet de su coral, endibia caramelizada y emulsión de limón
Ravioli de manita y carrillera de ternera a la plancha, fondo de jamón y remolacha. Si parece un contraste demasiado chocante por manita, y carrillera con jugo de jamón, nos equivocamos, muy suave el trato de la manita y la carrillera, el fondo se pega en los labios como debe ser, pero siendo ligero. Otro 10.

Ravioli de manita y carrillera de ternera a la plancha, fondo de jamón y remolacha
Huevo escalfado a baja temperatura, bacalao desmigado con cebolleta y su pil-pil. Si hay un plato más autóctono que me lo digan. Tradición, sin paliativos. Y esa yema, no quiero pensar lo que pesaba el huevo (ni lo que sufrió la gallina para ponerlo).

Huevo escalfado a baja temperatura, bacalao desmigado con cebolleta y su pil-pil
el color de la yema merecía una foto extra
Lenguado asado a la vinagreta de berberechos y emulsión de sus jugos. Seguimos superándonos. puntos de lenguado perfecto (mirad el grosor del lomo), melosidad del berberecho y el aire de los mismos.

Lenguado asado a la vinagreta de berberechos y emulsión de sus jugos
Lomo de corzo asado con frutas de temporada. Lo bonito de Diciembre y el frio es que empieza la temporada de caza, y uno puede probar glorias como este lomo de corzo hecho a la perfección con una crema de patata, y de frutas castañas, higos y manzana. Sólo la imagen lo dice todo, el brillo de cada elemento es cegador.

Lomo de corzo asado con frutas de temporada
Ravioli de piña y helado de coco. Refrescante postre, con una lámina de piña deshidratada, un cremoso helado y una jugosa piña.

Raviolis de piña y helado de coco
Tarta de queso. El viaje a Zuberoa probablemente merezca la pena sólo por este final, dudo se pueda probar una igual, la cremosidad de este queso intenso (según he leído le añade queso azul a la mezcla) y el perfecto tueste de exterior lo hacen bocados plenos de puro placer. Es famosa, lo sé, pero como todo, si no se prueba no se sabe.

Tarta de queso
Y todo acompañado por un  El Terroir 2009 DO Navarra de Domaines Lupier, que evolucionó perfectamente a lo largo del menú mostrando su capacidad frutal propia de la garnacha, con mineralidad que aporta sus suelos y el paso de 14 meses en barril hace presencia en los tostados, pero muy leves. Lo que ayudó en cada uno de los platos sin enmascarar ningún sabor.

Muy atento el servicio de sala a cada detalle de agua, vino y pan, y receptivos a los comentarios.

Son los hermanos Arbelaitz artesanos que con maestría llegan a artistas, haciendo del trabajo de la disciplina (no abandonan nunca el restaurante y no van a congresos, excepto al BCC) la perfección en el plato, extrayendo de su entorno lo mejor para elevarlo a lo superior. Además atesorando una humildad que se nota al estrechar su mano a la salida del restaurante. Ahora es cuando uno entiende como grandes de la cocina como David de Jorge, Martín Berasategui o Joan Roca se rinden ante tan monumental cocinero, desconocido por la multitud, admirado por su gremio.

Lo dije conforme salí de allí, y me reafirmo mientras escribo. El tiempo se puede medir de muchas maneras, para mi desde ese día 4 de Diciembre 2014, el tiempo se mide en AZ (Antes de Zuberoa) y DZ (después de Zuberoa).

Os dejo un video documental que hizo la ETB en su día, muy inspirador y que refleja el trabajo que se hace en Zuberoa, y presenta a Hilario Arbelaitz. Y otro en el que participa en el programa número 300 de RobinFood, ahora tan conocido por participar en Telecinco, pero que lleva ya la tira de años haciendo el mejor programa de cocina nunca visto desde la ETB.







No sé si el tiempo, el dinero y la salud me permitirán cumplir una estúpida promesa, la de pisar cada año esta gran casa. Sin lugar a duda, donde más he disfrutado desde el día de El Celler de Can Roca.

Un beso para vosotras y un abrazo para vosotros.

viernes, 30 de enero de 2015

El Frontón, el templo de la alubia de Tolosa.

Buenas a todos.

Mi primera parada en mi viaje en solitario a San Sebastián fue a la localidad de Tolosa en busca de las afamadas alubias, y el local más representativo de las mismas es este, El Frontón (Paseo San Francisco 4. Tolosa, Guipúzcoa. tlf: 943652941. web: www.restaurantefronton.com) en manos de Roberto Ruiz desde hace más de 20 años. Eran las referencias que tenía a través de su paso por Madrid y que dieron cuenta Jesús Fdez Prieto y Carmen Artola en su día y antes de ello verlo en las cocinas de David de Jorge en RobinFood en sus días de Eitb lo que me hicieron decidirme por hacer parada y fonda en este local. 

Iba con el tiempo al cuello, pues desde Castellón a Tolosa hay un trecho, por pronto que uno salga de casa. Así que sin reserva me plante el martes 2 de Diciembre en su local a eso de las 14:45-15:00, fácil de encontrar pues está en una de las calles principales del pueblo, y para mi sorpresa, por ser día entre semana, lleno. Pero no me quedé sin sitio, pacientemente esperé en la barra a la espera de que hubiera mesa.

Ambiente distendido el que se respira en este local, y muy amable el servicio que hizo la espera más llevadera.

Una vez a la mesa, la carta, e iba a lo que iba, en busca de las alubias que entraban en el menú del día, un primero, segundo y postre por 20€ a sumar IVA, con bebida incluida, en la que gentilmente dispones de una copa de vino tinto navarro, y la botella de acompañante para que la llenes según gustes. No era el mejor, pero os aseguro que mucho más noble que algunos que están en cartas a precios desorbitados para lo que llevan en su interior.

Y vienen las famosas alubias, viudas, brillantes y con guarnición de piparras en aceite y sal, no hay sacramentos, pero no hacen falta, son sabrosas, sacian y los contrapuntos agrios y picantes de la piparra hacen el resto para que el plato se vista de fiesta. De segundo jamón cocido a la plancha con guarnición, en el que entran pimientos de padrón, y alguno traía premio... Plato sin complicaciones y bien hecho. Y para terminar torrija con crema que estaba de vicio. No es que fuera el final más ligero, pero la ocasión lo merecía porque era mi primer día de viaje, y alegrar el estómago es alegrar el alma. 

Lo que pude probar, y el ambiente que vi, dejó evidente muestra de que se cocina excelentemente bien en esta casa, un local ajustado a lo que ofrece y modelo que funciona como muestra el salón lleno. Cocina centrada en minimizar la manipulación del producto, y que sea él mismo el que hable por su cuenta. La misma receta de las alubias deja claro esta premisa. Y para que así lo comprobéis os dejo el video del paso de Roberto por Robin Food.



Así que tras pedir la cuenta, bien alegre seguí ruta hasta San Sebastián para continuar con mis gastro-excursiones, no sin antes hacerme acopio de un par de sacos de alubias que en el mismo local puedes comprar y que pertenecen a sus propios cultivos, porque esa receta hay que hacerla en casa y disfrutar de la diferencia de un buen producto con el común.

Desde mi parecer, fue una acertada parada premeditada poder disfrutar de esta fugaz comida en El Frontón de Tolosa, porque además dio pie a conversación en Akelarre, pero eso es otra historia. Una buena cocina para disfrutar a mesa y mantel.

No hay fotos porque me quedé sin batería, pero eso no me priva de poder contar, aunque de forma breve, la experiencia.


Un beso para vosotras y un abrazo para vosotros.